Entrevista exclusiva con Daniel Oldrá: "Godoy Cruz me formó como persona y el sentido de pertenencia es nuestra bandera"

En una charla íntima y cargada de emoción, el máximo referente de la institución compartió su visión sobre el presente del club, la importancia de la educación en los juveniles y su vínculo eterno con los colores. "Si estamos unidos, siempre es más fácil estar en el lugar que merecemos", afirmó Daniel Oldrá.

Hay nombres que no necesitan presentación porque están grabados en las paredes de la Bodega y en el corazón de cada hincha. En un mano a mano imperdible, quien es considerado el mayor ídolo vivo de nuestra institución repasó su trayectoria y, sobre todo, dejó sentada una base de lo que significa ser parte de esta familia. Para el "Gato", Godoy Cruz no es un trabajo; es un estado de ánimo.

La casa, la vida y el respeto por el camino

Después de un tiempo de introspección necesario para "parar la pelota" y pensar en el futuro, el referente se mostró sereno. "Godoy Cruz es mi casa, es mi vida. He pasado casi 50 años dentro del club entre mi etapa de jugador y la de después", confesó. Para él, la institución fue el espacio que moldeó su carácter: "El club no solo me formó como futbolista, me formó como persona. El respeto es lo que trato de dejarle a mi familia y lo que siempre busqué transmitir. Si en Mendoza me reconocen, es porque he sido respetuoso con todo el mundo".

Esa humildad es la que marca su norte actual. A pesar de las consultas constantes sobre su regreso a funciones operativas, Oldrá mantiene la cautela por respeto a quienes hoy están trabajando: "Nunca quiero ser un obstáculo ni traer un inconveniente. Siempre voy a estar para apoyar y para que estemos todos juntos. El club hoy es mucho más grande que cuando yo me inicié, pero la esencia debe ser la misma".

La escuela y la formación: Un legado innegociable

Uno de los puntos más fuertes de la charla fue su compromiso con las divisiones inferiores, un área donde su huella es imborrable. Para el ídolo, el trabajo con los chicos no termina en la línea de cal, y la implementación de la escuela en el predio de Coquimbito fue una de sus batallas más queridas.

"Luché mucho por tener la escuela cerca. Los chicos son jóvenes y se encuentran con realidades difíciles. Mi estilo siempre ha sido estar cerca, preguntarles qué les pasa en la casa o en la escuela. Es fundamental que estudien, porque eso les da otra actividad y los ayuda a crecer. Yo pasé por eso, de tener que elegir entre el entrenamiento o el estudio, y no quiero que a ellos les pase", explicó. Para él, el sentido de pertenencia se construye habitando el club: "Estar todo el tiempo cerca del predio, ver a la Primera entrenar mientras estudiás... eso te da una identidad que no se compra en ningún lado".

El ojo clínico: Talento, cabeza y el "chip" mendocino

Al ser consultado sobre qué busca en un jugador joven para proyectarlo a la elite, su respuesta fue simple pero contundente: "Primero, que jueguen bien a la pelota. El talento lo traen ellos, eso no se enseña. Después, el fútbol hoy pasa mucho por la cabeza: el amor propio y aprender a convivir con la presión".

En este sentido, hizo hincapié en la valoración del futbolista local, una bandera que juró defender siempre: "Me he peleado toda la vida por el futbolista mendocino. Sé que tiene talento, igual que un cordobés o un rosarino. A veces tenemos otra cabeza y hay que estar empujándonos, pero el que se saca el chip y quiere triunfar, llega y juega en cualquier lado".

Además, destacó a los líderes naturales, esos chicos que desde las categorías más bajas ya se cargan el grupo al hombro, como ejemplos de resiliencia ante las dificultades que presenta el destino.

La experiencia fuera de la Bodega y el regreso al barrio

Su reciente paso por Instituto de Córdoba fue un punto de quiebre que le sirvió para valorar aún más su lugar en el mundo. "Me costó muchísimo ver otros colores, dejar de mirar para abajo y no ver el escudo de siempre. Pero me sirvió para abrir la cabeza y darme cuenta de cuánto me quería la gente de Godoy Cruz", admitió.

Al mirar atrás y ver el crecimiento exponencial de la infraestructura, las participaciones internacionales y la mística del “Feliciano Gambarte”, el referente no oculta su orgullo, aunque advierte sobre los peligros de la competitividad extrema: "Ver al club jugar Libertadores era un sueño impensable. Hoy el club es muy grande y hay que tratar de no relajarse, porque los clubes que se descuidan les cuesta muchísimo volver a competir".

Finalmente, dejó un mensaje de esperanza para los hinchas y los jóvenes del club, reafirmando que el éxito no es solo ganar, sino mantener viva la cultura de trabajo y la unión que caracteriza al pueblo tombino. Porque mientras el "Gato" camine por los pasillos de la Bodega, la mística estará a salvo.