Alejandro G Labayen
Había una necesidad que iba mucho más allá de los tres puntos. Después de tres derrotas consecutivas, Godoy Cruz necesitaba volver a creer en sí mismo. Y aunque el 1 a 0 sobre Defensores de Belgrano no fue una exhibición futbolística, sí dejó señales muy alentadoras para un equipo que comienza a encontrar una identidad.
El golazo de Benjamín Schamine le devolvió el triunfo al Tomba, pero el verdadero valor de la tarde estuvo en otro aspecto: por primera vez en mucho tiempo se vio un equipo más compacto, equilibrado y seguro, con una estructura que empieza a sostenerse desde la columna vertebral.
La decisión de Pablo De Muner de apostar por Juan Strumia bajo los tres palos dio resultados inmediatos. El joven arquero respondió cada vez que fue exigido, transmitió tranquilidad y mostró personalidad en un partido donde Defensores de Belgrano también tuvo situaciones para convertir.
Delante suyo apareció otro de los grandes aciertos del mercado de pases. Diego Viera le aportó experiencia, firmeza y liderazgo a una defensa que venía mostrando demasiadas dudas. Su presencia ordenó a toda la última línea y permitió que Godoy Cruz defendiera con mayor solidez.
Pero si hubo un futbolista que marcó el ritmo del encuentro, ese fue Gastón Gil Romero.
El volante fue, sin dudas, la gran figura del partido. Recuperó pelotas, manejó los tiempos, distribuyó con criterio y apareció siempre como la primera opción para iniciar cada ataque. Su despliegue fue tan importante en la recuperación como en la salida limpia desde el fondo. Cuando el partido se hizo friccionado, fue él quien sostuvo el equilibrio del equipo.
Y arriba volvió a aparecer Martín Pino, siempre dispuesto a pelear cada pelota, a fijar centrales y a convertirse en la referencia ofensiva de un equipo que empieza a apoyarse en una base cada vez más clara. Strumia, Viera, Gil Romero y Pino conformaron una columna vertebral sólida, algo que Godoy Cruz venía necesitando desde hace varias fechas.
El gol llegó apenas comenzado el complemento y tuvo el sello de otro de los refuerzos que empiezan a justificar su llegada. Benjamín Schamine encontró un espacio en el borde del área y sacó un remate extraordinario al ángulo para convertir uno de los mejores goles del campeonato del Tomba. Un debut soñado para el volante, que además había mostrado personalidad y criterio durante todo el encuentro.
Después del 1 a 0, el equipo administró mejor los tiempos. No sufrió como en otras oportunidades y, aunque Defensores generó algunas aproximaciones, la sensación fue distinta. Hubo orden, compromiso colectivo y una mayor seguridad defensiva que hacía mucho tiempo no se veía.
Sin embargo, todavía quedan aspectos importantes por corregir.
Godoy Cruz continúa evidenciando la ausencia de un volante ofensivo capaz de asumir la conducción del equipo. Vicente Poggi aporta despliegue, dinámica y compromiso, pero su mejor versión aparece algunos metros más atrás. Como enganche o mediapunta pierde influencia y el equipo extraña un futbolista capaz de filtrar el último pase, cambiar el ritmo de los ataques y abastecer con mayor claridad a los delanteros.
No es una crítica al rendimiento de Poggi, sino una cuestión de características. El uruguayo cumple, corre y entrega todo, pero no es naturalmente ese organizador que necesita un equipo que pretende pelear arriba.
Aun así, el balance deja mucho más para destacar que para corregir.
Los refuerzos comenzaron a mostrar por qué llegaron, el equipo recuperó solidez, volvió a ganar en el Gambarte —donde continúa invicto— y, sobre todo, transmitió una sensación que hacía varias semanas no aparecía: la de estar construyendo algo.
Todavía falta mucho camino por recorrer y la gran deuda sigue siendo el rendimiento fuera de Mendoza. Pero si este partido sirve como punto de partida, Pablo De Muner puede empezar a ilusionarse con un equipo que, por primera vez en bastante tiempo, parece tener una base sobre la cual crecer.
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