Alejandro G Labayen
Godoy Cruz sabía que necesitaba ganar. Después de la derrota ante Deportivo Maipú, el Expreso tenía por delante una de esas pruebas que no siempre se ganan jugando bien, sino sabiendo interpretar el contexto. Y esta vez lo consiguió: venció 1 a 0 a Acassuso como visitante, por la fecha 26 de la Primera Nacional, y se llevó tres puntos enormes de San Isidro.
No fue una actuación brillante. Tampoco fue un partido en el que el Tomba haya dominado de principio a fin. Pero fue una victoria de esas que tienen un valor especial, porque hubo que jugar un partido diferente al que Godoy Cruz pretende.
El campo de juego del estadio La Quema fue uno de los grandes protagonistas de la tarde. Las condiciones estaban lejos de ser las ideales y dificultaron especialmente a un equipo que necesita la pelota, asociarse y encontrar espacios para construir desde el juego. Evidentemente el terreno condicionó seriamente el funcionamiento del conjunto mendocino.
Godoy Cruz estuvo incómodo. Acassuso aprovechó esa situación, tuvo más la pelota durante varios pasajes y consiguió generar peligro. El Expreso, en cambio, tuvo dificultades para conectar sus líneas y alimentar a los delanteros.
Pero esta vez apareció una diferencia importante respecto de otros partidos. Godoy Cruz supo resistir.
Cuando el equipo no logró imponerse desde el juego, apareció Juan Strumia.
El arquero volvió a responder en los momentos en los que Acassuso consiguió encontrar espacios. Durante el primer tiempo tuvo intervenciones importantes ante Lucas Rey y Dubini, y en el complemento volvió a sostener al Tomba cuando el local buscaba con insistencia.
La seguridad de Strumia empieza a convertirse en una noticia importante para Godoy Cruz.
Desde aquella decisión de Pablo De Muner de darle la titularidad frente a Defensores de Belgrano, el arquero viene aprovechando su oportunidad y transmitiendo una tranquilidad que el equipo necesitaba. Y en partidos como el de esta tarde, esa seguridad vale puntos.
Durante buena parte del encuentro, Godoy Cruz pareció jugar condicionado por el terreno.
Los pases no tenían la precisión habitual, la pelota circulaba con dificultad y las asociaciones ofensivas aparecían de manera aislada. El equipo quedó demasiado partido por momentos y prácticamente no logró alimentar con claridad a sus delanteros.
La diferencia con otros partidos estuvo en que esta vez el Expreso no se desesperó.
No fue en busca del partido de cualquier manera. Esperó, aguantó y cuando apareció su oportunidad, no la desperdició.
Cuando parecía que el partido estaba destinado a terminar en empate, apareció nuevamente Benjamín Schamine.
A los 37 minutos del segundo tiempo, el mediocampista tomó una pelota en tres cuartos de cancha y sacó un remate venenoso que terminó en el ángulo más lejano del arco defendido por Monllor.
Un golazo, de esos que rompen partidos cerrados y que, además, empiezan a construir una historia propia dentro del equipo.
Schamine volvió a ser decisivo para Godoy Cruz y ratificó que su llegada no fue una incorporación más. El volante ya había marcado en su debut frente a Defensores de Belgrano y otra vez apareció cuando el equipo más lo necesitaba.
Godoy Cruz necesitaba recuperar los puntos que había dejado ante Maipú y, fundamentalmente, necesitaba volver a ganar fuera de casa.
Y lo consiguió en un escenario que no ayudaba. No hubo fútbol brillante. No hubo una superioridad abrumadora. No hubo una lluvia de situaciones, pero hubo otra cosa. Madurez para soportar un partido incómodo.
Eso también es parte de un equipo que pretende pelear arriba. Porque si Godoy Cruz quiere volver a Primera, no todos los partidos van a ser como los que se juegan en el Gambarte. Habrá canchas difíciles, terrenos malos, rivales que presionen y encuentros en los que el fútbol asociado no aparezca.
Y esos partidos también hay que ganarlos.
La victoria permite al Tomba recuperarse rápidamente del golpe sufrido ante Maipú y volver a sumar en condición de visitante. El triunfo, además, lo mantiene prendido en la pelea por los puestos importantes de la Zona A.
La tabla es importante, pero también lo es la sensación que deja este tipo de partidos.
Godoy Cruz no brilló, pero ganó.
Y después de una derrota dolorosa como la del clásico, conseguir una victoria fuera de Mendoza, en una cancha complicada y en un partido cerrado, puede ser mucho más importante que una actuación vistosa.
El golazo de Schamine terminó inclinando una historia que parecía destinada al empate.
Strumia sostuvo al equipo cuando hizo falta. La defensa resistió.
Y el Tomba volvió a Mendoza con tres puntos.
A veces el camino hacia Primera también se construye así: sin jugar lindo, sin sobrar nada y entendiendo que hay partidos que no se ganan con brillo, sino con carácter.
Esta vez Godoy Cruz hizo exactamente eso.
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