Ian Inostroza
Godoy Cruz volvió a caer en el Torneo Clausura de la Superliga. Esta vez fue ante Rivadavia Básquet por 70-78, en un encuentro donde el resultado volvió a dejar una sensación extraña: el Tomba no mostró un mal juego, pero sí algunos problemas de concentración que terminaron costándole caro.
El conjunto dirigido por Nahuel Flores comenzó el Clausura con la ilusión renovada después de haber levantado el título del Apertura, pero el arranque de esta nueva competencia no está siendo el esperado. El equipo campeón todavía busca recuperar la regularidad que lo llevó a quedarse con el torneo anterior.
Uno de los puntos positivos volvió a estar en los refuerzos. Latraius Mosley respondió nuevamente y fue el máximo anotador del Expreso con 23 puntos, además de 7 rebotes, 2 asistencias y una valoración de +27. También apareció Martín Irrutia, quien aportó 16 unidades en apenas 18 minutos, mientras que Abel Trejo volvió a mostrar su presencia en la pintura con 13 puntos y 11 rebotes.
Sin embargo, el Tomba no consiguió traducir ese aporte individual en una victoria. El equipo terminó con un 54% en tiros de dos puntos, 19 asistencias y 36 rebotes, números que muestran que el juego estuvo lejos de ser un desastre. El problema volvió a aparecer en determinados momentos del partido, donde pequeñas desconcentraciones terminaron inclinando la balanza.
Y ahí está uno de los principales aspectos a corregir. No parece ser un problema de juego, porque Godoy Cruz continúa encontrando caminos para generar situaciones y mantenerse competitivo. La cuestión pasa por sostener la concentración durante los 40 minutos y evitar esos pequeños baches que, ante rivales de nivel, pueden definir un partido.
Más allá del resultado, hubo algo que volvió a quedar en evidencia: la gente del Tomba.
La hinchada bodeguera preparó un gran recibimiento y acompañó al equipo durante todo el encuentro. Incluso cuando el resultado no acompañaba y el equipo no encontraba la reacción necesaria, los hinchas siguieron alentando desde las tribunas.
El campeón todavía tiene camino por recorrer. Una mala racha no borra todo lo construido durante el Apertura ni significa que el equipo haya perdido su identidad. Pero sí representa una señal de alerta: si Godoy Cruz quiere volver a pelear arriba, deberá reaccionar cuanto antes.
Los refuerzos están respondiendo, las principales piezas continúan apareciendo y el equipo no dejó de competir. Ahora toca recuperar la concentración, reencontrarse con la victoria y demostrar que aquel campeón del Apertura todavía tiene mucho para dar.
Tropezar no es caer. Y el Tomba todavía tiene tiempo para levantarse.
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