De la cantera del Tomba al radar de Scaloni: Zaid Romero y un sueño que empieza a tomar forma

Hay noticias que trascienden una simple convocatoria. Porque no se trata solamente de una lista, de un nombre más o de una posibilidad lejana. Para Godoy Cruz, ver a Zaid Romero dentro de la preselección de la Selección argentina rumbo al Mundial 2026 tiene algo especial: vuelve a confirmar que, incluso en tiempos difíciles, la esencia del club sigue intacta.

El defensor mendocino, surgido en las inferiores tombinas, apareció entre los 55 futbolistas elegidos por Lionel Scaloni para la prelista mundialista y se transformó en una de las sorpresas más interesantes de la nómina. No porque su crecimiento haya sido casual, sino porque hasta hace no tanto parecía uno de esos jugadores que hacían carrera lejos del ruido mediático.

Romero disputó apenas dos partidos en Primera con la camiseta de Godoy Cruz entre 2019 y 2020. Poco tiempo, quizás, para que muchos alcanzaran a dimensionar el potencial que tenía. Pero el fútbol suele tener caminos extraños. Y el suyo fue de construcción silenciosa, escalón por escalón, lejos de los atajos.

Después de dejar Mendoza, encontró continuidad, confianza y crecimiento. Primero aparecieron títulos con Estudiantes de La Plata, luego el salto al fútbol europeo y más tarde una consolidación que empezó a llamar la atención del cuerpo técnico de la Selección. Hoy, con presente en el Getafe de España y tras haber sido campeón también con el Club Brugge, su nombre ya circula en un escenario completamente distinto.

Lo más interesante es que no llegó a esta instancia por una moda pasajera ni por una lesión ajena. Scaloni y su cuerpo técnico hace tiempo vienen siguiendo perfiles específicos para renovar ciertos puestos, y Romero encaja en varias de esas características: central fuerte físicamente, agresivo para defender hacia adelante, con buena salida y personalidad para competir.

Claro que la pelea por un lugar definitivo en el Mundial parece compleja. Por delante aparecen nombres consolidados como Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Lisandro Martínez o Leonardo Balerdi. Pero en una Selección donde el mérito y el presente pesan más que el apellido, entrar en la órbita ya representa muchísimo.

Y para Godoy Cruz también significa algo importante. Porque más allá de que Zaid apenas haya tenido un puñado de partidos en Primera, su aparición vuelve a poner sobre la mesa una de las grandes virtudes históricas del club: la formación. Durante años, el Tomba construyó una identidad basada en detectar, desarrollar y potenciar futbolistas. Algunos explotaron rápidamente en Mendoza; otros necesitaron más tiempo y recorrido. Romero parece pertenecer a ese segundo grupo.

En tiempos donde muchas veces el fútbol argentino vive atrapado por la urgencia, historias como la de Zaid sirven para recordar que los procesos existen. Que hay jugadores que maduran más tarde. Y que no todos necesitan despegar a los 19 años para llegar lejos.

Todavía falta mucho para saber si estará o no en la lista definitiva para el Mundial. Pero hay algo que ya nadie le puede sacar: un chico surgido de Godoy Cruz hoy está en el radar de la Selección campeona del mundo.

Y eso, para el mundo tombino, también es motivo de orgullo.